domingo, octubre 25, 2009

“Soy más terrenal que los terrícolas. No puedo ser espiritual ante las calamidades que yo mismo puedo provocar”



Entrevista a Alberto Cecereu


Por Dorothy Merman


Alberto Cecereu está sereno, tranquilo, pero dentro de su hiperkinesis que el mismo confiesa. Salta de un tema a otro sin cuidado. Puede comenzar hablando de la coyuntura política de Chile, y de otro, como si nada, habla de la teoría cuántica argumentando que todo es un vacío de energías móviles. Cuesta entenderlo en primer momento. Pero sabe salvar con simpatía su “racional locura”, se ríe de sí mismo, y bromea con soltura.

Es parte de la generación más joven de la poesía chilena. A los 19 años publicó su primer libro, un poemario titulado “Noticias sobre la Inmanencia”. El 2006 fue su año de gracia. Fue galardonado con una serie de premios, y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, le otorgó la Beca a la Creación Literaria, para desarrollar su segundo trabajo, “Los Viajes del Druida”, que aún no publica, según él, “por la apatía de las editoriales de mi país, y sin duda, porque me tienen miedo.” Además, colabora como analista internacional en un importante portal de Política argentina (www.políticargentina.com)

y escribe columnas en otros medios de su país. Vive en una pequeña casa en el barrio residencial de Viña del Mar, lleno de libros, obras de arte, gatos y películas de colección. Comparte su vida con Andrea. Él la define como pragmática, amorosa, cuerda y sensual. Características que lo enamoraron profundamente.

Define su pequeña casa, como un refugio perfecto para escribir, compartir con amigos y amigas y meditar. A pesar de eso, ya quiere emprender en un nuevo lugar donde le de más libertad. “Es necesario abrirse aún más, que tú casa esté conectada con más sensaciones, ojala sea una casa de vidrio y papel”.

Hace algún tiempo decidió alejarse de las lecturas públicas, de las presentaciones de libros, y de la bohemia artística. Nos preguntamos si lo hará para que lo olviden. Se niega a contestar.

¿Qué te inspira?

Me inspira la lucha por la libertad, pero no una libertad común y corriente de ejercer el poder, sino que va más allá. Una libertad que va conectada completamente con tu ejercicio de ser consciente del lugar donde estás, qué eres, de donde vienes, y qué quieres. Obviamente, desecho toda posibilidad de que esta libertad exista realmente, en alguna parte del mundo. No es una cosa de hacer las maletas e irse al centro o al fin del mundo. Va más allá. Todo parte por la mente.

Siempre indagas en el ser humano como un ser desconocido, ¿Qué se pretende con eso?

¡Es que realmente no nos conocemos! Somos seres extraños con nosotros mismos. Estamos ante una sociedad que cada vez se grita más pero se escucha menos.
Es por esto mismo que al escribir me encuentro con porciones distintas del ser humano, que hablan, se manifiestan, y vuelven a ser y estar. Pero se desvanecen cada vez que vuelves a revisitarlos. No nos podemos dar por satisfechos ante nuestra observación del mundo. Nunca llegamos a conocerlo, por eso mismo es que debemos indagar, compenetrar, investigar, con los cinco sentidos, e incluso el sexto y el séptimo sentido.

¿Qué es más fácil: escribir relatos, ensayos o poesía?

Nada. Nada es más fácil ni más difícil. Todo depende de la disposición mental y espiritual de la cual me encuentre.

¿Se define una persona espiritual?

No, soy más terrenal que los terrícolas. No puedo ser espiritual ante las calamidades que yo mismo puedo provocar. Pero sí sé lo que soy: un poeta cuántico.

¿Cree en Dios?

Soy Budista, y el budismo se manifiesta como una religión no teísta. Mi respuesta, políticamente correcta, es decirte que soy No Teísta, como característica. Sin embargo, mis investigaciones meditativas me han dado más preguntas que respuestas. Preguntas que muchas veces, me han hecho dudar de que no exista una fuerza universal ordenadora e infinitamente generosa.
En algo que creo, es que el universo es absolutamente generoso y abundante. Esa abundancia, es el amor universal que se puede transformar en bienes materiales, en energías espirituales, y en creaciones.
No obstante Siddharta el Buda, descubrió algo sorprendente. Todo carece de existencia intrínseca y en realidad el todo es vacuo. Esto es la gran oportunidad de crearnos a nosotros mismos una nueva consciencia, que es tener la convicción que en mí tengo el mundo de las posibilidades infinitas.

¿Esa es la búsqueda que se manifiesta en el trabajo “Los Viajes del Druida”?

Ese personaje aún viaja. Está en la búsqueda de la luz del conocimiento. Es un poco de lo que te decía anteriormente, pero es más simple, más terrenal, más erróneo. Por eso se enamora de doncellas chinas.
Es que se le entiende. Viene de los países del norte atlántico. Todas rubias y pecosas, altas y pechugonas. Mientras que en China, todas bajas, delicadas, sutiles y hermosas. Puedes hacer mil votos de castidad, pero la impresión es magnífica. Una doncella te podía llevar al suicidio.

Ahora tu poesía es una poesía de personajes…

¡Sí! De personajes. Y eso porque le hice caso a mis sueños, a mis fantasías, a mis caudillos del alma. (Se ríe)
Tengo mucha poesía inédita, que he trabajado durante mucho tiempo. “El Magnífico Verano de Donnie Siegel”, retrata las experiencias esquizofrénicas de un coraje enorme para observar el mundo que le rodea. Hay versos desgarradores, de protesta, de gritos, de sollozos.
Por otro lado, “The all stories of little Oswald Denis”, habla sobre un muchacho, ya muerto, que buscó la fama en toda su juventud. Es bisexual, posmoderno, y absolutamente simpático. Es un don nadie que tiene mucho que decir en este momento.

Y usted, ¿Cómo se define?

Pregunta capciosa, (se ríe)
Soy un ser que amó ser siempre surrealista, pero que al ver que todo es realmente patético, es mejor seguir un camino alternativo.
Quizás por eso escribo sobre personajes de ficción, como escribiendo novelas en versos. Quizás buscando el yo perdido. Qué se yo. Todo puede ser un quizás.
Me defino como complejo, multifacético, y rebelde sistémico. Si te fijas no lo digo con mucho amor, sino más bien, enfadado. Trato de verme de lejos.
Mejor pregúntame en diez años más, gracias. (Se ríe)

Sé que hace algún tiempo tomó un Seminario de Guión con Marco Antonio de la Parra, ¿fue sólo para matar el tiempo?

Para nada. Mira, a mi me encanta el Cine, la Televisión. Veo telenovelas, series de televisión, sitcom, cine gringo, del independiente y de la industria, cine europeo, y cine chileno.
Creo que es un arte comercial sumamente atractivo. Y ese curso de Guión para Cine y Televisión que cursé con un maestro de maestros, fue tremendamente útil, para descubrir algo que me encanta, me fascina, y me quita el sueño.
Uno de mis proyectos es hacer un guión de una teleserie juvenil, totalmente estúpida e inservible, y un guión de una película completamente comercial, pero que diga por cielo, mar y tierra, cuan cagados estamos como sociedad.

Siempre en tu discurso hay una crítica social, ¿es parte de tu posición política?

Sí, pero no soy el típico artista antisistémico. Hay cosas del sistema que me fascinan y atraen, y lo digo sin pelos en la lengua. Creo que hay una falta de sinceridad enorme de ciertos artistas que disparan contra el sistema, pero que visten con moda de marca, fuman con cigarros de marca, y buscan ganar dinero por todas las formas posibles para sobrevivir en el sistema. O aquellos que fuman marihuana pensando que sólo ese acto es liberador.
Yo apuesto, porque el arte sea un contradiscurso cultural de resistencia a las energías negativas que provienen del sistema. De esa manera podemos generar una estructura completamente inclusiva, justa y solidaria. No es necesario quemar Roma. Es mejor ponerse a construir una nueva Roma a partir de lo que queda.


¿Qué opinión le merece la sociedad literaria?

Es una fauna de personajes egocéntricos e hipócritas. Hay mediocres que abundan, y algunos de selección que merecen mis aplausos. Pero es un ambiente sumamente cruel. A mi me han criticado por ser muy joven y escribir mucho. Que se vayan a freír monos al África, porque yo no dejaré de escribir. Esas discusiones, esas reivindicaciones de algunos, me parecen patéticas, y una señal más de la mediocridad de algunos chilenos. Aplaudo a Isabel Allende, que tiene obras bellísimas, por haberse quedado en Estados Unidos, ante la pasmosa reacción de la sociedad literaria de rechazarla y rechazarla una vez más. ¡Ah! Y que sea millonaria por su escritura, me parece aún más de maravilloso.

¿En los últimos años en Chile la política cultural del Estado se ha desarrollado de forma gigantesca con respecto a años períodos anteriores? ¿Cómo escritor que diría al respecto?

En realidad hemos avanzado a pasos de gigantes de la mano del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Los programas culturales que van en el sentido de desarrollar la cultura a los sectores marginados de la sociedad, con vulnerabilidad socioeconómica, y excluidos del “mercado cultural”, han dado resultados sorprendentes. El Programa Creando Chile en mi Barrio, Okupa, y Chile+Cultura, son ejemplos de esto. Estos programas deben crecer, consolidarse, y ampliarse. Soy de la opinión que un Ministerio de la Cultura está para garantizar el acceso, disfrute y desarrollo de las artes en todos los pueblos de un país, más que ser una bolsa de dinero para los artistas. Creo que hay que ser justo, equitativo y equilibrado en estos temas.
No obstante me la juego que el Consejo incorpore aún más a los artistas, escritores, creadores y pensadores en la asesoría y consultoría de las políticas públicas, con un perfeccionamiento profesional de administradores de la burocracia. En esto, hoy el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ha fallado.

¿Qué autores le generan un movimiento telúrico de formación literaria?

En poesía, siempre y siempre, Hugo Mujica, Alejandra Pizarnik, Pablo de Rokha, Rodrigo Lira, T.S. Eliot… Y mi amigo Ennio Moltedo.
En narración, aparecen el inolvidable García Márquez, el maravilloso Bolaño, los escritores Tobías Wolf, Douglas Kennedy, y muchos más.
En ensayo a Octavio Paz, Susan Sontag, Carla Cordua, la visión de Tomás Moulian, Grínor Rojo, Joseph Stiglitz, y tantos otros que se me van.

¿A que lugar del mundo se iría a escribir?

A muchos lugares, pero para nombrar a dos objetivos, serían dos: A alguna isla griega, y a un país del centro del África.

¿Cómo se proyecta como artista en el futuro mediano?

Quiero seguir escribiendo poesía y más poesía. Terminar los trabajos que te nombré, y embarcarme en otros proyectos. Tengo en mente, por ejemplo, un libro sobre el Tarot, a pesar que se ha escrito mucho, pero me tendrán que aguantar porque es un arte que cultivo. También quiero explorar aún más los ensayos, la prosa, y los guiones algo que me fascina pero me deja exhausto.
Por otro lado quiero explorar el arte plástico, la pintura en acrílico, y la fotografía.

lunes, octubre 05, 2009

¿Transición a una nueva democracia?



Hace algunos días, murió Edgardo Boeninger, uno de esos hombres que un país produce cada ciertos tiempos: templado, académico, pensador, convocante e influyente, y sobre todo irremplazable. Edgardo, fue uno de los fundadores ideológicos de la Concertación, pero por sobre todo, de los lemas de los principios de los noventa: transar, consensuar para lograr los pasos necesarios de la transformación social sin arriesgar la anhelada estabilidad nacional.





Extremadamente sincero, ha sido uno de los pocos que ha dicho que la política es competencia por el poder, pero que esa competencia puede generar una búsqueda del bien común. La muerte de Edgardo Boeninger, es la señal clara de lo que ha sucedido en Chile durante el año 2009. La conflictividad política ha aumentado a niveles nunca vistos, la disrupción es parte de una tónica, y las reestructuraciones partidarias y sociales son señales claras de que a pesar que la transición del autoritarismo a la democracia ya es texto para la historia, ahora ad puertas de los doscientos años republicanos, estamos en la transición hacia una nueva democracia.





Y esto no es ninguna falacia al azar.





La derecha chilena, hoy, aunque sigue con resabios autoritarios, ha puesto como eje de campaña social una inscripción masiva de los jóvenes a los registros electorales, al mismo tiempo que ha incorporado a sectores políticos de centro liberal, cuando no descartan subir impuestos a las empresas para financiar el programa social de la derecha.





La Concertación, el tradicional pacto de socialistas, democristianos, radicales, ha ido más allá al incorporar en su pacto parlamentario al Partido Comunista, como una forma de ampliar su base sociopolítica, romper con la exclusión del sistema, y de una forma decisiva en avanzar en transformaciones sociales que han ido esperando por el consenso de los noventa. No por nada, estos proponen una nueva constitución política, protección social profunda, y economía verde regulada por el Estado. Sin embargo, ya no estamos en un “bipartidismo” heredado de la transición de Boeninger. Con la muerte de él, entramos en un escenario donde hay diversos sectores, representantes y nuevos actores políticos.





Se ha conformado la coalición de la Nueva Mayoría que congrega a humanistas, ecologistas, e independientes de centro progresista e izquierda, una voz interesante de escuchar ya que se congregan para postular nuevas formas de entender la democracia y la economía. En ellos hay poco pasado, es decir pocas nostalgias de lo que sucedió, sino que más bien hay miradas de futuro con apuestas que pretenden ser serias. Y por lo mismo vienen a competir con fuerza a la voces de la izquierda, la concertación, y de paso, a la derecha, que ya no es monopólica de las voces de cambio y renovación.





Por otro lado nace además el pacto del Movimiento amplio social, partido de izquierda renovada con inspiración bolivariana y con fuertes contactos con el MAS boliviano, y el gobierno de Hugo Chávez, aliada con el PRI, los regionalistas con discurso nacional populistas, y que prometen de esta forma quedarse en el debate público para ganar cuotas de poder con influencia social.





A comienzos del gobierno de Bachelet, muchos no imaginaban que el abanico político se iba a abrir tanto, y que al mismo tiempo, los discursos políticos se iban a enriquecer dentro de un ánimo confrontacional de debate público. Estas señales son claras de una nueva transición que estamos viviendo. Son pocas las cosas que quedan sacrosantas, sino más bien, ahora, la elite política, cada vez menos paralizada, está dispuesta a discutir, debatir, para competir por las cuotas de poder que realizan la ecuación de las transformaciones sociales.





No obstante a todo esto, es bueno recordar a Boeninger. La conflictividad política no puede olvidarnos que debemos poseer una actitud templada ante los avances sociales, como también que las transformaciones sociales van de la mano de una sociedad que desea la transformación más que la necesita. Si pensamos que todos necesitan lo que yo pienso, o nosotros pensamos, podemos caer fácilmente en el autoritarismo ideológico. Por eso siempre es necesario el consenso, para generar cuotas de entendimiento democrático de avance, más que banderas de lucha infranqueables. Si hacemos esto último el Estado se agota, y la sociedad se desfragmenta en la disolución de las libertades.





La pregunta que siempre nos queda, y que también debemos debatir: ¿el consenso tiene un límite? Hagámonos esa consulta para provocar el fin o la consecuencia de las libertades de la tolerancia.